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LA BARCA

Los remos golpeaban rompiendo el silencio de un mar sin olas. En un imperceptible vaivén, la barca quedó al albur de su propia inercia. De la oscuridad surgieron unas manos agarrándose a la madera vieja. Izados por unos brazos se oyeron las voces de una madre que, exhausta, asía con fuerza a su hijo. El niño, casi un bebe, había estado llorando durante todas las horas que pasaron a la deriva de las grandes olas que los arrojaron de la patera. Fue milagrosa la calma repentina que trajo la oscuridad. "Hay muchas personas tiradas en el agua, éramos muchos" dijo angustiada la madre. "Los recogeré a todos no se preocupe", dijo el barquero. "¿Me dice su nombre? Quiero acordarme de quien fue tan generoso con nosotros". "Caronte", dijo "Y ahora cálmese le espera un viaje final largo y tranquilo".
A la mañana siguiente las conciencias intercambiaban cortos y efímeros mensajes llenos de dolor y culpa.

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